Saborear un buen cigarro puro es comparable a catar un buen vino; así, los fumadores expertos hablan de "degustar" el sabor del humo, ya que las glándulas gustativas son el mejor conductor del placer de un puro. Una calada, en la que se paladean la complejidad y la lograda combinación de los sabores presentes en un cigarro puro, es comparable al placer que provoca un vino excelente o una comida exquisita.

Los clubes y bares de puros y habanos están floreciendo en las principales ciudades del mundo. Londres, por su capacidad de comercio y consumo, es la meca. La prohibición de fumar en los sitios públicos de Estados Unidos ha ocasionado un crecimiento explosivo de los locales para puros. Sobre ellos actúa como faro la revista Cigar Aficionado, con una tirada mensual de 750.000 ejemplares. En Europa, donde las opiniones sobre el fumar son más liberales, los pocos clubes que existen siempre han sido para el verdadero goce de los puros, más que un refugio de activistas de la causa. Dondequiera que Ud. se encuentre, no le tomará mucho tiempo apreciar que el amante de los puros y habanos vive y convive en ambientes de camaradería. Ese ambiente es mucho más amable, más culto y más perfumado, que el de los fumadores de cigarrillos.