¿Cómo se fuma en pipa? Ya la hemos encendido. Ahora tenemos que asumir que, hasta tener cierta práctica, se nos va a apagar miles de veces. No pasa nada. Simplemente se enciende de nuevo y se sigue fumando. Muchos no han pasado de este primer escollo y han dejado la pipa por imposible, pero no hay que desanimarse. El récord de fumada lenta está en ¡tres horas, dieciocho minutos y quince segundos sin necesidad de encender de nuevo! Pero nosotros no pretendemos competir ¿verdad? Tras un tiempo podremos fumar una pipa completa reencendiendo tres o cuatro veces, o tal vez menos. Y si hay que reencender más veces, ¿a quién le importa? Se hace y punto.



Después del encendido dejaremos que la brasa, que al principio ocupaba toda la superficie del tabaco, vaya disminuyendo hacia el centro hasta alcanzar el tamaño de una lenteja pequeña. No debería aumentar más allá de este tamaño. Si lo hiciera podría recalentar la pipa y dañarla, aparte de dar un humo caliente e irritante. Eso por no hablar de las humedades que generaría. Para mantener la brasa en su tamaño ideal hay que controlar las aspiraciones, que no serán ni demasiado frecuentes ni demasiado profundas. Un error frecuente en el principiante (y en muchos no principiantes) es fumar en forma casi compulsiva, con constantes y fuertes pitadas. Por el contrario, la forma correcta es fumar despacio y suavemente, vigilando el tamaño de la brasa. Si la pipa se calienta al tacto, antes incluso de llegar al punto de ser molesto para la mano, dejaremos enfriar, hasta que se apague si es necesario para no dañar el brezo (y nuestra lengua de paso). Cuando se haya enfriado podemos volver a encenderla.

Sobre la superficie se irá formando una capa de ceniza blanca incombustible. Su misión es hacer de "regulador térmico", permitiendo la combustión homogénea del tabaco. Sin embargo si se acumula demasiada puede ahogar la brasa, con lo que se apagaría y sería costoso volver a encenderla, precisamente porque toda esa ceniza es incombustible. Si se acumula demasiada se puede retirar una parte con la cucharilla del "trío", con lo que se permitirá un respiro a la brasa. Si se retirase continuamente la ceniza blanca lo que sucedería es que la brasa iría quemando hacia abajo, formando un cráter y dejando sin quemar el tabaco de los laterales.

En el control del tamaño de la brasa (mediante pitadas suaves y espaciadas) y de la cantidad de ceniza blanca encima está el secreto de una fumada larga sin tener que reencender más de lo necesario. De todas formas, con la práctica iremos adquiriendo el "toque" especial de todo buen pipafumador, que consiste en encontrar nuestro ritmo ideal de inhalaciones para mantener encendida la pipa sin recalentarla.

Para apreciar el sabor del tabaco en su totalidad es bueno "pasear" el humo por la boca, de la lengua al paladar. Algunos incluso empujan el humo desde la boca hacia las fosas nasales para percibir más aroma. Las papilas gustativas que detectan los distintos sabores están localizadas en diferentes áreas de la lengua. Si aspiramos el humo y lo expulsamos rápidamente (como a veces se hace cuando se fuma descuidadamente) nos perdemos gran parte del aroma y el sabor de nuestra mezcla favorita.


Es posible, sobre todo en personas que antes de fumar en pipa no han fumado de ninguna otra manera, experimentar mareos e incluso nauseas en el transcurso de la fumada. Esto se debe a que la absorción de nicotina y otros componentes (principalmente a través de la saliva) es superior a lo que el organismo está acostumbrado. Al principio suele deberse a un ritmo excesivamente rápido o a la elección por parte del novato de un tabaco demasiado fuerte para él. O a las dos cosas. Si el mareo es leve puede probarse a espaciar más el ritmo de las pitadas, hasta que desaparezca. Pero lo mejor, si no se quiere llegar a experimentar nauseas verdaderamente desagradables, es dejar la pipa para otro momento y tomar aire fresco. Lo más recomendable es elegir tabacos suaves al principio y no fumar con el estómago vacío. Con el tiempo el cuerpo se acostumbrará y el pipafumador experimentado podrá atreverse con tabacos más fuertes. Aunque hay algunos (como el St. Bruno, por ejemplo) a los que hasta los más curtidos tienen respeto, y los fuman despacio y no en ayunas o mucho tiempo después de las comidas.

Durante la fumada puede generarse humedad. Lo sabremos al percibir ruido de "sorber" en el caño o la cánula. Esto puede deberse a una forma de fumar inadecuada (o sea, la contraria de la forma correcta explicada), a un defecto de la pipa (brezo mal curado, defectos de construcción) o a un tabaco demasiado húmedo. Esa humedad se elimina introduciendo por la boquilla un limpiapipas y bajando el ritmo de la fumada para evitar sobrecalentamientos, responsables de gran parte de las humedades.

A veces la última cuarta parte de la pipa es difícil de fumar. Se nos puede apagar muy a menudo y resultar muy costosa de encender de nuevo. Esto puede deberse a un defecto de la pipa o a que la fumada ha sido húmeda. En este caso el tabaco del fondo se ha impregnado de líquidos procedentes de la combustión que impiden el reencendido. Se ha formado lo que los ingleses llaman dottle, un residuo impregnado de jugos malolientes. Si esto sucede puede hacerse lo que se denomina un "cambio de guardia", es decir, mientras la pipa se mantenga caliente se tira ese "chapapote" inútil y se sustituye por igual cantidad de tabaco fresco. Se enciende y se prosigue la fumada hasta consumir todo el tabaco. Si se procede así se garantizará un buen aculotado del fondo.

¿Puede dejarse una pipa a medias para retomarla después? Sí se puede, siempre que la pipa se haya enfriado por completo sin que el sabor deba cambiar por ello. Aunque yo personalmente he notado con muchos tabacos (sobre todo aromáticos) una tendencia a amargar cuando he hecho esto. Sin embargo puede ser una apreciación mía y sólo mía, pues a otras personas no les pasa. No todos tenemos el mismo paladar; cada uno debe experimentar por sí mismo.

Cuando se da definitivamente por terminada la pipa se vaciará por completo, usando para ello la cucharilla, sin rascar el interior, eliminando las hebras de tabaco que pudieran quedar sin quemar, pues pueden producir dos efectos indeseados: uno, que en sucesivas fumadas se forme costra de carbón sobre ella, lo cual sería un aculotado en falso que puede desprenderse más adelante; otro, que esas hebras sin quemar pueden fermentar y estropear el sabor de futuras fumadas.

Para eliminar restos que queden en el caño y la cánula se puede soplar fuerte a través de ésta. Luego se dejará descansar la pipa en su pipero en posición siempre vertical, con la cazoleta hacia abajo. Nada de golpear la pipa contra ninguna superficie para hacer salir restos que hayan quedado, ni siquiera contra la bola de corcho de ciertos ceniceros especiales, ni mucho menos contra el tacón de una bota o zapato al estilo cow-boy chulesco. No a menos que queramos dañar la pipa. Para vaciarla se puede remover el resto de tabaco, si lo hay, con la cucharilla del atacador y a continuación voltearla y darle unos golpes suaves en el talón con los dedos, y luego soplar con fuerza.

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