El acto de cargar la pipa no debe ejecutarse como algo mecánico, como un trámite inevitable. El buen pipafumador disfruta de su pipa incluso mientras la llena. Antes de cargar la pipa es recomendable desmenuzar bien el tabaco. Para salir del paso se puede hacer con los dedos, frotando el tabaco en la lata o el paquete y luego utilizar este tabaco suelto. Pero lo ideal es tomarse uno su tiempo y utilizar un "ritual" algo más elaborado.



Muchos utilizan el siguiente proceso: se toma el tabaco que se vaya a utilizar en sucesivos pellizcos que se colocan en la palma de la mano. A continuación se frota el tabaco entre ambas manos dejando caer sobre una hoja de papel las hebras que se vayan soltando. Se frotará formando alternativamente un "puro" y luego en movimiento circular, para hacer una bola, y de nuevo un "puro". El tabaco que no se desmenuza se deja aparte. Con el tabaco que ha caído en la hoja llenaremos la pipa, y el que no se ha desmenuzado lo apretetaremos bien con los dedos y lo pondremos arriba. Todo ello aplicando el sistema de prensado en tres capas como ya hemos visto.

Otros (a veces yo incluido, lo confieso) van aún más allá y desmenuzan el tabaco con algún tipo de molinillo (en mi caso, un artilugio de esos de cocina que sirven para rallar verduras). El resultado debe ser una hebra más pequeña, pero no un polvillo, bueno sólo para hacer rapé. El objetivo de todo esto es conseguir un tabaco lo más suelto posible, que va a facilitar la combustión enormemente.

Existe una frase que se suele citar a la hora de explicar la manera de cargar la pipa. Dice así: "La pipa se llena en tres veces. La primera se aprieta con mano de niño, la segunda con mano de mujer y la tercera con mano de hombre". Esta frase, aparte de poética (¿?) es bastante ambigua y puede llevarnos a error si no se entiende bien. Yo, desde luego, no la entendí bien al principio y como resultado solía apretar bastante el tabaco, sobre todo en la tercera parte ("con mano de hombre"). Tanto era así que en la última parte de la fumada me quedaba en el fondo del hornillo una cierta cantidad de tabaco que no ardía y que, al vaciar la pipa, caía en el cenicero como un ladrillo, comprimida con la forma del fondo como si de un molde se tratara.

De manera más explícita, la forma de cargar la pipa puede resumirse como sigue: se toma un primer pellizco de tabaco y se deja caer dentro "como nieve que cae", según afortunada expresión de algunos. Esto equivale a decir que debe dejarse caer muy suelto. A continuación se acomoda el tabaco con el atacador, pero sin apenas apretar, tan sólo aplanando la superficie. La idea es que en ningún momento queden huecos sin tabaco en el interior. Luego se toma un segundo pellizco y se introduce de la misma manera, pero ahora apretaremos el tabaco un poco más, aunque no mucho más. Si en lugar de usar el atacador aplastando el tabaco en un solo movimiento profundo lo aplanamos con ligeros toques por toda la superficie, lo que conseguimos es apretar sólo la capa más superficial y dejar suelto el tabaco de abajo. Idéntica forma de usar el atacador es recomendable en el trascurso de la fumada.

A estas alturas la pipa debe estar llena en sus dos terceras partes. El tercer paso es idéntico, pero procuraremos que la pipa quede llena en su totalidad. Aplanaremos una vez más el tabaco, con algo más de fuerza, pero nunca demasiada, y estaremos listos para proceder a su encendido cuando el tabaco llegue apenas a los bordes de la cazoleta. Si se necesita introducir más tabaco porque se ha calculado mal la cantidad en cada pellizco, pues se introduce sin más y se aplica proporcional fuerza al atacado. La idea de esta forma de llenar la pipa es conseguir que el tabaco esté apretado de menos a más, para que en el fondo quede una "cámara de aire" formada por el tabaco más suelto, que facilite la combustión. Éste, y no otro, es el mensaje que quiere transmitir la frase citada al principio, de los tres tipos de "manos". Quede claro entonces que un tabaco suelto siempre va a facilitar la fumada mucho más que uno apretado. Pero uno demasiado suelto arderá muy deprisa y nos sabrá a poco. La práctica, como siempre, será la que nos indique el grado óptimo de compresión.

Durante cada paso de los anteriores comprobaremos con la pipa en la boca que el aire circula libremente. Si notamos dificultad en el tiraje se puede introducir el pincho del "trío" para remover un poco el fondo, aunque lo mejor es vaciar la pipa y repetir el proceso. Cuando al final del llenado uno aspira y nota "una agradable pero leve resistencia" al paso del aire, entonces la pipa está correctamente llena.

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