La costumbre de inhalar el humo de determinadas plantas parece remontarse casi hasta el descubrimiento del fuego. Es bastante probable que tal costumbre se asociase a una serie de ritos mágicos, adivinatorios o curativos. Aún hoy en día, en determinadas tribus, brujos y chamanes conjuran a los espíritus causantes de enfermedades con el humo de, entre otras plantas, el tabaco. El uso del tabaco en América se viene dando desde tiempos prehistóricos. Existen pinturas con sacerdotes fumando. En un relieve encontrado en El Palenque (Chiapas, México) puede observarse un ejemplo en un templo maya del siglo VII a.d.C. El tabaco se utilizaba en forma medicinal y ritual. Gracias al comercio de los mayas con los olmecas y otros pueblos, el uso del tabaco se extendió hasta América del Norte y Canadá.

Cuando en 1492 Cristóbal Colón y sus hombres desembarcan en lo que iba a ser la isla de San Salvador, ninguno pensó que la pintoresca costumbre de los indios de aspirar por distintos medios el humo de una planta autóctona iba a extenderse con el tiempo por el resto del mundo. Rodrigo de Jerez y Luis de la Torre, marineros de Colón, pueden ser considerados con justicia, sobre todo aquél, como los primeros europeos que fumaron tabaco. Fueron enviados por Colón desde el puerto de Mares (actual Cuba) a explorar el interior. El propio Colón anota en su diario el 6 de noviembre: "Hallaron los dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaba sus pueblos, mujeres y hombres, con un tizón en la mano, yerbas para tomar sus sahumerios que acostumbraban". El diario original de Colón no se conserva, pero existe la copia que hizo fray Bartolomé de las Casas (1475-1566). Éste mismo comenta en su "Historia General y Natural de las Indias": "[...] que son unas yerbas secas metidas en una cierta hoja, seca también, a manera de mosquete hecho de papel, de los que hacen los muchachos la Pascua del Espíritu Santo, y encendido por una parte dél, por la otra chupan o sorben o reciben con el resuello para dentro aquel humo; con el cual se adormecen las carnes y cuasi emborracha, y así diz que no sienten el cansancio. Estos mosquetes, o como les nombraremos, llaman ellos tabacos".

Los indios enrollaban hojas de la planta y las fumaban como un cigarro al que llamaban "tabaco". Los españoles entendieron que "tabaco" era el nombre de la planta que fumaban y el malentendido ha llegado hasta hoy en día. En realidad los indios llamaban a la planta "cogiba" o "cogiaba". El mismo relato del descubrimiento del tabaco lo anota Fernando Colón, hijo de Cristóbal, en su "Vida" del almirante. Ya fray Bartolomé de las Casas reprende a sus compatriotas por el uso del tabaco, por ser "vicio de paganos". Rodrigo de Jerez, además de ser el primero en fumarlo, fue también el primero en sufrir en sus propias carnes las iras de las autoridades antitabaco: fue denunciado ante el Tribunal del Santo Oficio cuando en su Ayamonte natal lo descubrieron echando humo por la boca y las narices sin quemarse. De nada le sirvió explicar que no estaba endemoniado, sino que se trataba de una costumbre de los indios. Tal vez esta explicación empeorase las cosas para él. La broma le costó cara: siete años en las durísimas cárceles de la Inquisición. Los españoles se establecen en Cuba como colonos a partir de 1509 y en 1515 fundan la ciudad de La Habana. Desde los primeros momentos se dedican a desarrollar el cultivo del tabaco.

España introduce el tabaco en Europa cuando Francisco Hernández de Toledo (1517-1587), médico y naturalista que estudió la fauna y la flora de las tierras descubiertas, envía tabaco a la Península. Otros dicen que en 1519 Hernán Cortés (1485-1547) ya había enviado semillas y plantas. Es muy probable, sin embargo, que la contribución de personajes anónimos fuera más importante para la introducción del tabaco en España, al contrario que en otros países, en donde fue considerado "hierba de príncipes". Jean Nicot, embajador de Francia en Portugal, recibe la semilla desde la Florida y la envía a su país natal en 1558.

Acompaña el envío con toda clase de elogios hacia las propiedades medicinales de la planta. En su honor se bautizó tiempo después el género al que pertenece la planta del tabaco: nicotiana, y de ahí que cuando se aisló el principal alcaloide contenido en la hoja del tabaco se lo denominara nicotina. Los navegantes portugueses llevan la planta a Asia. Comienza a cultivarse en la India. Los misioneros la llevan a Japón y China. En el s. XVII se introduce en África Occidental y Egipto. En Oceanía entra desde las Filipinas españolas. En Java y Sumatra encuentra gran arraigo. No es sino hasta el s. XVIII que se cultiva en Hungría, Rusia, Países Bálticos y Turquía, en donde adquiere una excepcional importancia.

En 1614 se promulga la Real Cédula que reserva el comercio del tabaco al Rey de España. España monopolizó el comercio del tabaco, para lo cual estableció en 1634 el estanco de este producto para Castilla y León, que en 1707 se amplió a todos los territorios de la Corona, acompañado de la prohibición de cultivar la planta en la península. En 1717 se crea la Factoría y Estanco de Tabaco, sociedad mercantil que otorga el monopolio de la elaboración de los cigarros a la Fábrica Real de Tabacos de Sevilla, que se instala formalmente hacia 1731.

Cuando los mendigos de Sevilla comienzan a recoger colillas de cigarros, las desmenuzan y envuelven en trozos de papel para fumarlas, nace el llamado "cigarrillo", el pequeño cigarro, que pronto caló entre las clases más desfavorecidas. Sir Walter Raleigh (1554-1618) fue "comisionado" en 1578 por la reina Isabel I de Inglaterra para hostigar a los españoles con actos de piratería. En sus merodeos por el Nuevo Mundo entrevió la posibilidad de extender el dominio inglés a aquellas tierras. En 1585, fundó la primera colonia Inglesa en América del Norte, en la isla de Roanote, en la actual Carolina del Norte. Allí conoció la costumbre india de fumar y llevó pipas, plantas y semillas de tabaco a Inglaterra. Favorito de la reina, cuando fumó en público su pipa por primera vez fue inmediatamente imitado por toda la corte. Años más tarde, caído en desgracia y recluido en la Torre de Londres, tuvo en su pipa su único consuelo hasta su ejecución.

En la América anglófona se extendió el cultivo del tabaco. Se inició alrededor de 1615 en Jamestown. En 1776, el cultivo se extendió hacia Carolina del Norte y llegó por el oeste hasta Missouri. Hacia 1864, un agricultor de Brown County, Ohio, observó plantas aisladas deficientes en clorofila. La variedad de hoja que producía después de su curado recibió el nombre de white burley, muy apropiada para mezclas de pipa y, posteriormente, para elaborar el cigarrillo americano. Gran parte de los esclavos capturados en África eran llevados a las plantaciones americanas de tabaco.

El resto de la historia es un continuo extenderse del tabaco por el mundo, incluso en Oriente, introducido a menudo por los misioneros. Fue en Oriente donde se iban a poner en marcha las más severas medidas antitabaco. En muchos países, como Japón por ejemplo, el cultivo o el consumo del tabaco podían acarrear pena de muerte. Ríete tú de las campañas de ahora...

 

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