Entramos en un polémico terreno: el del tabaco y la salud. No nos engañemos: al fumar en pipa estamos introduciendo en nuestro organismo sustancias tóxicas, comenzando por la nicotina y terminando por el monóxido de carbono, gas letal donde los haya, pasando por una lista de más de cuatrocientas sustancias nocivas, dicen.

Sí, pero... Es indudable que el verdadero responsable de toda campaña antitabaco es el cigarrillo. Los fumadores de cigarrillos introducen el humo del tabaco en sus vías respiratorias, que de ninguna manera están preparadas para ello.

Tapizan sus mucosas internas con alquitranes y suciedades de toda especie. El cuerpo reacciona tratando de limpiar, pero el fumador compulsivo consume tóxicos a mayor ritmo del que el organismo es capaz de eliminar. La facilidad con que se extrae un cigarrillo, se enciende y se consume en dos o tres minutos, además de los aditivos que hacen que sea más adictivo, propicia la fumada en cadena. Es indudable que el pipafumador sufre de rebote las iras desencadenadas en contra del cigarrillo. ¿Por qué se empeñan en aplicarnos el mismo sambenito que al irresponsable que se fuma dos, tres o cuatro cajetillas diarias?

El fumador de pipa absorbe mucha menos cantidad de nicotina y otras sustancias (la nicotina no es lo peor del tabaco, ni mucho menos). Esta absorción se efectúa a través de la mucosa bucal, sobre todo sublingual. Cierta parte también se traga con la saliva. Ni comparación con el fumador de cigarrillos. Por otra parte parece ser que pequeñas cantidades de nicotina son beneficiosas para el organismo. Vegetales como el tomate o la berenjena la contienen, y nadie hace campaña contra ellos. Además, según estudios recientes, mínimas dosis de nicotina tienen efectos beneficiosos en enfermos de Alzheimer.

Bien es cierto que el fumador de pipa y quienes lo rodean están expuestos al humo de segunda mano. En este caso, si el fumador no tiene inconveniente en perjudicarse, sí debe tener en cuenta a sus familiares y compañeros de trabajo, y respetarlos escrupulosamente.

Se achacan a los fumadores de puros y de pipa ciertas enfermedades bucales. Se invoca contra los fumadores de pipa principalmente el cáncer de lengua y de labio. Es sabido que una parte del cuerpo continuamente sometida a quemaduras o presión desarrollan cáncer. En cuanto al cáncer de lengua, hay fumadores de pipa que son y serán inexpertos de por vida. Fuman dando grandes inhalaciones, lo que produce un humo irritante que quema la lengua. Esto un día y otro, durante años, tiene todas las probabilidades de desarrollar cáncer. Esto se evita aprendiendo a fumar correctamente. Las mismas consecuencias atraería alguien que se quema la lengua todos los días con la sopa. En cuanto al cáncer de labio, es mucho más propenso el que tiene la costumbre de llevar la pipa colgando de la boca todo el día. Esa presión constante puede ser la verdadera causa del cáncer de labio pues, por otra parte, el labio del pipafumador apenas entra en contacto con el humo.

Otras enfermedades achacadas al pipafumador son las dentales y periodontales. El que sostiene continuamente la pipa con los dientes tiene riesgo de padecer deformaciones de la dentadura, pérdida de piezas dentales e incluso pérdida de hueso en la mandíbula. Otras enfermedades de las encías provocadas por la acumulación de residuos de tabaco, manchas en los dientes, etc., se mitigan con una buena higiene dental y visitas periódicas al dentista.

Cabe preguntarse el porqué de la campaña tan exacerbada en contra del tabaco. El alcohol, cuya publicidad sólo incluye un tímido consejo de: "bebe con moderación", no incluye esquelas que adviertan de que el alcoholismo destruye familias y es importantísima causa de muertes en carretera. Hay aditivos alimentarios que producirían cáncer en ratones de laboratorio en dosis y exposiciones semejantes las empleadas para experimentar los males del tabaco, y sin embargo consumimos esos aditivos a diario. Leer la composición de una golosina infantil da pavor. El alcohol en exceso mata, el azúcar en exceso mata, igual que la sal, el ejercicio físico, el café, los medicamentos... y el tabaco.

Por lo tanto, como siempre, lo recomendable es la moderación en todo. Mucho más perjudicial es vivir en una ciudad contaminada o en una zona saturada de radiación electromagnética. Mucho más perjudicial es el humo del gasoil. El humo de las industrias mata de manera más eficaz. Y no se hacen campañas en contra de todo esto. Disfrutemos con moderación, pero sin miedo, de una buena pipa por el recuerdo de los muchos nonagenarios, hombres y mujeres, que murieron con la pipa en la boca.